CONTACTARME

Diy maceta y cuerda

Historias de mi día a día.

El arte de camufaje de Serpi es muy conocido por todos en casa Perezquita. Por todos menos por los humanos que habitan en ella, pero eso es normal viniendo de estos seres….
De golpe hay mucho movimiento. ¡Han traído macetas y suculentas nuevas!
Serpi  va al encuentro curiosa.
Se camufla por los folios para no perder detalle y se transforma en cuerda.



Mami Perezquita se ha puesto a “crear” como dice ella. Pintura por aquí, pintura por allá.
Ha dejado la nueva maceta de barro preciosa.

De golpe, sus manos cogen a Serpi y la acercan a la maceta. La enroscan en ella y la pegan.
Luego, empiezan a trastear con la tierra y las nuevas plantas que se ríen bajito entre ellas.
Las trasplanta y las riega.
Ya la maceta lista se queda en la terraza tranquila.
Serpi aparece y contempla a sus nuevas amiguitas que le sonríen divertidas.


Con este cuento participo en Diymaniacas de este mes y con el relato de 150 palabras de esta semana. 

NoTa: no dejes de seguirme. Te dejo todas mi redes sociales: FacebookTwitterPinterestInstagramGoogle+YouTube

Historias del bosque sur.

Martumba es la bruja del bosque sur. 
Resulta que está algo desconcertada y  no sabe muy qué tiene que hacer. 
En la última tormenta, un rayo muy fuerte le destrozó la escoba. Fue una tormenta  bestial. No recuerda ninguna igual desde hace 1000 años y eso es mucho por lo que está muy preocupada.



Los 3 amigos


Caballito se levantó nervioso. Miro por la ventana. Era el día y estaba feliz y contento.
Había quedado con pez y estrella y hacía mucho que no se veían. Eran sus 2 grandes amigos de infancia, del cole. Juntos siempre compartían muchas risas. Por desgracia se veían tan solo de vez en cuando. Claro, pez y él viajaban mucho y estrella en cambio, no.

Tan contento estaba que se puso a saltar y a hacer piruetas. Se reía solo. Siempre que estaba nervioso le pasaba. Tenía muchas ganas de contarles los sitios tan magníficos que había visitado. Y quería escuchar las mil aventuras de pez y su familia. Muchas veces ponían sus vidas en peligro. Una vez, las ballenas casi se los comen!

Pero también quería saber de estrellita. Ella no viajaba mucho pero con mucha imaginación les ponía al día de todo lo que pasaba. Les gustaba mucho escucharla.




La despedida

Cierro los ojos. Estoy cansada. Ha sido una vida intensa, muy bonita.

Os miro. 
Recuerdo cuando jugabais en la plaza.... 

Criar 2 hijos y trabajar estando sola ha sido difícil, pero mereció la pena.... Lo guapos que estáis ahora… no estéis tristes, no lloréis… solo por vosotros todo ha valido la pena....


Antes nos gustaba cantar para alejar tristezas… canciones de lo más dispares y entonces nos reíamos enseguida… ¿recordáis?...

Si, ha sido una enfermedad dura. Los finales así son devastadores, pero ya soy libre. 
Ojalá pudierais verme y entenderíais....

Las despedidas me cuestan.... 
Me envuelvo en vuestro ser y os abrazo fuerte, aunque no me sentís, estoy aquí. 
Os miro a los ojos. 
No lloréis que estoy bien. 
Siento vuestras manos cálidas. 
Os beso con ráfagas de aire.

Me voy, pero no muy lejos. Podría decirse que me voy de ruta…  

volar y disfrutar esta nueva sensación es maravilloso.


El dibujo.

Petunia cogió la hoja de papel  que la maestra le dio. Dibujo libre creo que ha dicho, pensó… miró a sus compañeros. Respiró hondo.



Dibujó dragones lilas y rosas, como los de sus sueños. Les puso alas y en vez de fuego saliendo por su nariz, pintó flores y gotas de agua. 
El sol lo pintó naranja y fucsia, las nubes verdes como campos voladores. Y se metió a si misma riendo a carcajadas  como siempre en sus sueños. Lo miró satisfecha. Se lo llevó a la maestra.

- Nunca he visto animales como éstos dijo la maestra con cara de pocos amigos.

- ¿No?, qué pena. Dijo Petunia, y la miró perpleja. 
Que bromas más raras me gasta la maestra, pensó Petunia extrañada.

Regresó a su sitio sintiendo los ojos de la maestra clavados en su nuca. Encogió los hombros y suspiró. Recogió sus trastos y salió del aula de plástica.

Cuéntame un cuento.

Cigüeña se sintió cansada, desfallecía y todavía le quedaba un encargo. La noche era fría hacía viento y avanzaba poco a poco.

Vio  a Zorrito durmiendo, fue hasta él. Miró su encargo y sonrió. Había llegado por fin a su destino. Descansó un poco y volvió a volar feliz.



Zorrito despertó al alba sobresaltado con unos gritos desconocidos antes. Vio una bolsa, la estudió y olisqueó.
La bolsa se movió y apareció una carita sonriente ante él. ¡Menudo susto se llevó Zorrito!

Le dejó pasar a su pequeña morada. Le ofreció agua y un pequeño desayuno.

Y es así como Zorrito conoció a Petunia.  Desde entonces son inseparables y siguen viviendo juntos en el desierto de Maracá. Si vas por allí, de noche salen a pasear y hasta les puedes oír reír y cantar….

-¿Es verdad esto?

-No lo sé, dicen que es una leyenda. Así que ¡vete a saber!


Lo que dice mamá

No hay familias diferentes, eso dice mamá. Todas las familias tenemos una cosa en común, el amor. Sin amor no estaríamos aquí dice y es verdad, mis papás no esperaron a la cigüeña, vinieron a buscarme a ese lugar con el que a veces sueño, del que veo luces y oigo voces y me da miedo… mamá viene, me llama por mi nombre, me abraza y las luces se van.



Tengo dos hermanos más mayores que me cuidan mucho. Tengo mucha suerte, hay otros niños que se quedaron allí esperando unos papás. La gente nos mira cuando vamos todos juntos. Me miran más a mí y eso me inquieta. Mamá dice que es normal porque ellos me ven como esas cajas de galletas del súper que se han caído y están abolladas. Lo que no saben es que por dentro estoy entero y muy tierno y bueno…  eso dice mamá. 

Buhito llega a mi casa

Estaba pálido al llegar a aquella casa, sin expresión. Sentía mucha curiosidad con lo que pasaría. Nunca había salido de la caja y ahora estaba mirando todo lo que pasaba a su alrededor.

Pero la curiosidad le duró un instante. Empezó a sentir un gran cosquilleo por todo el cuerpo. ¡Tenía unas ganas locas de reír! Esas niñas le estaban haciendo muchas cosquillas.



Le llenaron de color. Ni él mismo se reconocía. Pero se vio guapo y se puso muy contento.

De repente le metieron en un sitio muy oscuro. Sin luz y no entendía por qué. Las personas son raras, pensó.

Y así fue como salió de viaje, cruzó el mar y recorrió muchos kilómetros.

Se sintió aliviado al ver que por fin el viaje acabó. Le sacaron de la oscuridad y vio otra casa diferente. Pero allí no estaba solo. Encontró otros como él… y se sintió feliz.

El armario.



Las horas son densas. El reloj hace tiempo que dejó de contar minutos. Perdió la memoria y se quedó encallado en un cuento.

Y allí está él, el viejo armario. Se alza majestuoso en la oscura habitación. Triste y solitario. 
Ya casi nadie le va a ver. Está solo. Es viejo y como tal, está lleno de recuerdos del pasado. 
Allí se quedó olvidado en ese piso de decoración antigua, de un tiempo que nadie recuerda, ni tiene intención de conocer.

Entonces sucedió. La habitación se iluminó. El sol le rozó la piel. El frescor del día entró por esa ventana que alguien abrió. Fue un beso tardío que lo devolvió al mundo. 
Sus puertas se abrieron de par en par. Cerró los ojos, sonrió, se dejó llevar.  Suspiró y dejó salir un fuerte olor a naftalina que le hizo cosquillas, que lo liberó y se llevó el viento juguetón. 


Pequeña.


Soy pequeña y no llego allí arriba. Está muy alto, muy lejos. Mamá guardó mi peluche en el estante del armario. Así que cojo una silla, me subo y me pongo de puntillas… lo toco y casi lo cojo, pero no llego.

Hermana ahora está ya dormida. La llamo y no me contesta. Ella es alta y guapa. Y muy lista. Cuando hoy hemos dibujado la mariposa, a ella le ha salido muy bien. A mí, no sé por qué,  me salen borrones, lo intento arreglar y se estropea más. Abro mucho los ojos para ver si así me sale mejor… pero no…

Mamá es muy buena, siempre me ayuda y a mí me gusta mucho que lo haga. La voy a llamar para que venga y duerma un ratito conmigo porque no llego a mi peluche y lo quiero… tengo frío y no puedo dormir sin abrazarme a él.



Estatua.


Aquí estoy, guardando el parque. Observando a todos los que viene a pasear. 
Sobre todo, me fijo en los niños que vienen corriendo, saltando, jugando, riendo….

A veces me miran, pero me ignoran. Yo ya tuve mi momento de gloria. Ya saqué mis alas, como ellos ahora. Y como un globo de colores ya volé feliz por los aires, sin preocupaciones. 
¡Ay! si pudiera les diría: ¡no crezcáis, es una trampa! Disfrutar y vivir como lo hacéis,  sin miedo, sin preocupaciones, sin angustias. Todo llega, no tengáis prisa.

Ahora ya no siento nada, ni el agua de la lluvia, ni el viento en la cara, ni la brisa del mar.
¿Quién pudiera volver?... a abrazar, reír, llorar, amar...todo esto lo tienes a mano, como la espuma al lavarte las manos. Están siempre allí. Pero estas pequeñas cosas son lo más grande de vivir….
No lo olvidéis niños, no lo olvidéis.



el viento.


Abrí un ojo y escuché un silbido largo.  Pensé que era la lluvia. No le hice mucho caso. Tenía sueño. 
Pero me llama y me llama fuerte. No se cansa, grita mi nombre sin compasión.


Me levanté y me asomé al balcón. ¡Es el viento juguetón!. 
Me despeina y  susurra cosas.
Me gritó y arrastró: “vuela, vuela. No te quedes quieta. Vuela y vuela lejos del hogar

Levanté las manos, cerré los ojos. No tuve miedo, sonreí y me dejé llevar… ríos, montañas, campos, llanuras, mares, playas, praderas… qué bonito todo. 
A vista de pájaro, desde lo alto y de vez en cuando, sentada en las nubes para descansar.

De golpe sentí nostalgia. Me entraron ganas de llorar. 
Pero el viento me guiñó un ojo. Como si una bolsa fuera, en paracaídas se transformó. 
Bajé, bajé muy lentamente y en mi cama aterricé.

Mi mamá entró entonces. Una sonrisa y unos buenos días me susurró.




Calabaza.



Calabaza está triste.

Cuando la eligió La Cenicienta para la carroza fue feliz. Estaba en los sueños de todas las niñas que querían ser princesas. Ese libro lo guarda como un tesoro.


Por desgracia llegó ese concurso del "123 responda otra vez". A partir de allí, todos los niños que no estudiaban, recibían calabazas con los suspensos. Allí se ganó fama de tonta sin serlo. Sin quererlo ni beberlo pasó a ser el hazme reír de todos.

Ya  halloween la superó. ¡La han metido en el mismo saco que los malos, malísimos  Araña, Esqueleto y Gato Negro!. 

Sí que es cierto que es un poco dura de pelar, pero quien la conoce, lo sabe, el interior es lo que cuenta.

Suerte de los purés, pasteles, bizcochos.... Si, suerte de ellos, porque allí se puede refugiar.  

Allí siempre es dulce, sabrosa y buena que es lo que es y será eternamente. 




Recuerdos



Nunca pensé que me pasaría esto a mí, que te recordaría habiendo sido yo quien cerró la puerta. 
Nunca pensé que volverías tan intensamente a mí. 
Ya veo, me equivoqué.

Borré las huellas de tus dedos sobre mi piel, borré recuerdos, miradas, caricias. 
No quedaba nada tuyo dentro mío. 
Y aquí estoy, en este lugar que me ha hecho retroceder en el tiempo de tal manera que hasta he sentido vértigo. 
Casi me desboco al recordarte. Como un latigazo en mis entrañas, de golpe todo se agrupó y cabalgué de nuevo por tu lomo saboreando la nata de tu piel.

¿Qué me hizo volver después de tanto tiempo?. ¿Por qué aterricé en este lugar?
 Ese día, el que decidí partir, tus ojos temblaban, el color de tu piel se esfumó. Pero tu vara me oprimía, me ahogaba. 
Necesitaba volver a ser yo. 

Te debo una disculpa, lo sé... lo siento.




El casal de la Sra. Marie. Primer día



La puerta estaba entreabierta, la empujé un poco y chirrió.
Había llamado pero nadie contestaba.

No sé quien convenció a mamá para que viniera a este casal de sábados, dijo que estaría como pez en el agua y  algo más de pobre mujer que no sé qué le pasó al marido y algo más de sus hijos...


Así que aquí estoy, abriendo una puerta y gritando HOLA en un jardín silencioso. Todo esto me supera.

-Hola pasa estamos aquí. Pasa. - Dice una fina voz.

Entro en la casa y, menos mal, no estoy sola. 
Allí está el cara pepino de Rigoberto, la cara huevo de Puf, la sabionda de Katy y el larguiducho de Manu. No somos muy amigos pero algo es algo.

- Cómo te llamas
- Parula Fosca
- Oh estupendo, ya estamos todos. Veréis que bien lo pasamos, dijo la Sra. Marie.

Y  abrió el gran armario para repartir material.




Vacaciones en el pueblo.



- ¡Qué rollo de pueblo! Exclamó Luis con un suspiro.
- Sin wii, sin ordenador... gimió desolado.

Subió por el camino de tierra arrastrando los pies con desánimo, levantando mucho polvo. 
- Menuda semana de aburrimiento me espera, se dijo.

Se paró y miró al infinito.
Cogió unas piedras y se imaginó un pueblo íbero, ¿o era romano?, no recordaba bien de qué le habían dicho que había ruinas por allí.

Aun así  se esmeró en hacerlo. Se sintió orgulloso de su obra.

Se sentó en el suelo. Cogió un palo. Dibujó en la tierra círculos, líneas…. Escribió su nombre. 
Dibujó su casa, el jardín, las montañas, nubes, sol. Se sintió satisfecho con él.

Siguió caminando y vio un gran prado lleno de flores de colores. 
Empezó a arrancar una a una, con cuidado.
Hizo un bonito ramo.
- Para mamá, pensó
- Ah y otro para la abuela.
Y sonrió de oreja a oreja.



Historias en la escalera.



Las escaleras son mi inspiración, tienen para mí  una infinita atracción. 
Me distraen, me dejo llevar por su magia, su encanto.
Bajo por las escaleras dando saltitos, peldaño a peldaño. 
Cojo una piedra, la lanzo, como si jugara a la rayuela.  
Subo a pata coja, recojo la piedra, me río, vuelvo a bajar.  
No necesito nada más.

Busco mis juguetes con ruedas o mis pelotas… cosas que boten, que se desplacen y... 
¡ZAS!, los lanzo rápido escaleras abajo. 
Me divierte ver como las pelotas salen locas desbocadas.
Me alucina ver descarrilar mis coches, que salgan volando.

Subo corriendo,  casi sin aliento.  
Me siento audaz, mayor, valiente y salto dos, tres hasta cuatro peldaños a la vez. 
Me entran ganas de volar, de bajarlas todas de golpe y de un salto. 
Lo lograré algún día si practico mucho. 
Me sonrío satisfecha. 
Me río a carcajadas. 
Vuelvo a comenzar...

¿Subes o bajas?


Excursión al lago.


En verano nos gusta ir a bañarnos y jugar a un lago que hay bien cerquita.
Cogemos las bicis y en un momento llegamos. 


Vamos por una carretera por donde casi no pasan coches, así que nos dejan ir solos. 
Hoy también hemos ido, pero hoy queríamos coger bichos. A Manu, por las notas, le han regalado un "kit caza bichos". 
Este lago está lleno de libélulas, renacuajos, ranas, peces... El agua no está sucia, lo que pasa es que hay sitio para todos.  
- Mira que rana más grande y ¡qué colores!.
- Eso es un sapo. 
- ¿Ah si?....¿es esto a lo que se le da un beso y se convierte en príncipe? 
- No digas tonterías, eso es mentira. 
- Los príncipes ahora van en moto, lo dice mi hermana. 
- ¡Qué cosas dices!, cógelo, venga!, se lo llevamos, dame un papel y apuntamos en el bote. "Dale un beso y espera".



Confidencias al ir a dormir.



- Mamá, cuéntame algo de cuando era pequeña, de cuando vivíamos en el campo.
- Bueno, luego a dormir, ¿vale?,
- Tengo muchos recuerdos. Te gustaba mucho coger la bicicleta e ir a pasear. Te sentías libre así. Respirando el olor del campo y conviviendo con la soledad. Nunca te importó estar sola. Yo sé que tus pensamientos bullían y hervían de historias y juegos. Cada día eras alguien diferente.


...Eres tan feliz, tan despreocupada. Me encanta observarte en tus juegos.

Recuerdo ese día que bajabas a gran velocidad por la bajada de piedras. Algo viste que frenaste en seco y diste una vuelta de campana. Te llenaste de rasguños y te hiciste un poquito de sangre, pero no lloraste nada. Eres una niña muy valiente. Yo te observaba y cuando llegaste y te pregunté me dijiste con una gran sonrisa: "es que he salvado una serpiente de morir aplastada entre mis ruedas".



De acampada.


Mamá piensa que soy pequeño, suerte de papá que la convenció. 

Se enfadó un poquito conmigo al ver que me había olvidado el neceser.  
Tuvo que ir corriendo a buscarlo. Me llamó despistado. Espero no haberme olvidado nada más.


Estamos en medio de una montaña y hay vacas pastando a nuestro lado. 
Por la noche hace un poquito de frío pero tengo mi forro polar y una manta para dormir con el saco.

Quizás sí que siento un poquito de miedo, pero está Mónica, mi monitora y todos mis amiguitos. 
Dormimos todos juntos en la misma tienda. La número 3. Mi número de la suerte.

Dicen que vamos a subir una montaña muy alta en donde hay un enorme lago. Vamos a pescar. Yo quiero pescar muchos peces y uno enorme para que lo vea mamá, así sabrá que aunque un poco pequeño, soy muy valiente... La echo de menos.